Un Capricho de Gaudí
(España, 1883)

Imagen © Anual, (Wikimedia Commons).
Kate y José conversan con Luis Sazartornil Ruíz, catedrático de Historia del Arte en la UNED, sobre El capricho, una pequeña villa en Comillas, en el norte de España, hecha por Antonio Gaudí en 1885.
Una transcripción del podcast
A transcription of the podcast
Kate: José, ¿tu familia tiene una segunda casa de veraneo? José: No, no tenemos casa de veraneo, pero siempre es como una casa ya. Siempre vamos al mismo lugar, que es Viña del Mar, una ciudad costera que casi se construyó para vacacionar y que se hizo en el siglo XIX. Entonces es muy bonita porque es una ciudad creada como una ciudad jardín. Kate: Seguramente vosotros, como hermanos, tenéis muchos lindos recuerdos de haber ido todos los años al mismo sitio. En mi familia, al contrario, íbamos cada año cambiando el sitio y por eso sí tenemos muy buenos recuerdos del verano, pero no quizás todos en un sitio como en tu caso. Y eso tiene relación con el episodio de hoy, porque vamos a ir a la pequeña villa de Comillas, que está en el norte de España, y vamos a estudiar el edificio que se llama “El Capricho” y fue hecho por Antonio Gaudí a finales del siglo XIX. Así que, bienvenidos a… José: Las Cosas Tienen Vida. Kate: Este es un podcast en el cual hablamos de un objeto histórico con el investigador que lo estudia, y esta semana tenemos la suerte de contar con Luis Sazatornil Ruiz. Luis es catedrático en el Departamento de Historia del Arte en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Se ha dedicado a la arquitectura del siglo XIX y especialmente a la labor de promoción artística de los indianos. Y, para los que no saben, indianos son los españoles que han regresado de las Américas para desarrollar el resto de su carrera en la península. Así que hoy nos espera una conversación muy interesante con Luis para entender mejor este capricho. Bienvenido, Luis. José: Bienvenido. Luis: Hola, ¿qué tal estáis? Kate: Bien, bien. Gracias por estar con nosotros en este nuevo episodio. Siempre empezamos con una descripción del objeto y por eso, Luis, ¿cómo describirías tú El Capricho? Luis: Bueno, El Capricho de Antonio Gaudí es una coqueta casa de veraneo en una pequeña villa indiana que se llama Comillas, que está en Cantabria, en la costa norte de España. De forma general, puede decirse que la Villa Quijano, conocida popularmente como El Capricho, es una obra experimental de Antonio Gaudí, una de las pocas obras de Gaudí que puede visitarse fuera de Cataluña y una de sus primeras obras, quizá la primera, que se terminó junto a la Casa Vicens de Barcelona ambas construidas muy rápido entre 1883 y 1885. Es obra de un Gaudí jovencísimo que, aunque ya conoce los logros del Art Nouveau, se inspira en sus primeras obras en la tradición historicista del mundo oriental, desde el arte nazarí de Al-Ándalus hasta el Lejano Oriente, empleando abundantemente decoraciones cerámicas, el juego del ladrillo, de inspiración mudéjar, o una torre inspirada en los alminares. En realidad, eran años en que los arquitectos estaban renovando con inspiraciones cosmopolitas que panoramizaban el tiempo a través del historicismo y también la geografía mundial a través del exotismo, con repertorios que conocían a través de las exposiciones universales o de la circulación de fotografías y libros de edificios, de arquitecturas y monumentos lejanos. José: Nuestro público verá la imagen después y verá que para nosotros, claro, inspiración mudéjar u orientalista, pero para nosotros parece un palacio Lego, ¿no?, con todos estos ladrillos. Y quería preguntarte: ¿cómo era Comillas en el siglo XIX? ¿Era una casa que desentonaba un poco con la realidad urbana? Luis: En realidad, para entender Comillas y para entender este edificio, hay que hablar de la promoción artística de los indianos, que es una figura histórica: la del emigrante español, que aquí llamamos americanos o indianos, que marcha a hacer las Américas buscando resolver con fortuna su emigración a América o su viaje a América. Pero hay que recordar que solo algunos resuelven con éxito su paso por las diferentes escalas del comercio colonial y que no todos vuelven. A los que no les sale bien ese viaje a las Américas les conocemos como “americanos de la maleta al agua”: los que perdieron su fortuna en el océano, pero que han quedado ocultos por la historia de estos indianos exitosos que, con su afición por la ostentación y por el lujo, fueron excitando el deseo de emigrar en las generaciones jóvenes, con lo cual el bucle indiano volvía a comenzar. Los que regresan con éxito suelen reinventar sus ganancias y son los principales introductores en España de las doctrinas capitalistas que habían aprendido en los mercados internacionales. Suelen interesarse por el mercado bancario, por la especulación financiera, por la promoción inmobiliaria, por el comercio de azúcar o tabaco, que eran los principales negocios, en algunos casos incluso por el terrible tráfico de esclavos que algunos practican hasta la definitiva abolición. Y con todo eso se tejen, como en el caso del clan Comillas, unas redes comerciales que van desde Hispanoamérica hasta Filipinas, pasando lógicamente por las sedes, por las capitales españolas del negocio colonial, desde Madrid y Barcelona a ciudades como Cádiz, Santander, Gijón o La Coruña. Muchos incluso hacen lo que va a pasar en Comillas: vuelven al solar familiar, a sus pueblos de origen, que transforman con todo tipo de donativos y promociones: palacios, iglesias, hospitales, fuentes, escuelas, asilos, carreteras, puentes, universidades incluso, como en el caso de Comillas. Y algunas de esas pequeñas localidades aún se explican desde este patrimonio indiano que ha convertido lugares como Comillas en focos de atracción turística muy potentes. Esta pequeña localidad al norte de España, Comillas, no muy lejos de Santillana del Mar (de donde sale otro famoso clan familiar en Hispanoamérica, que son los Tagle), fue un tradicional foco de migración y, de hecho, por ejemplo, Comillas dio varios obispos a sedes americanas y un arzobispo a Lima. El impulso viene de una figura muy destacada y muy representativa de ese mundo indiano, que es Antonio López y López, el primer marqués de Comillas. Antonio López reúne todos los aspectos más tópicos de estas biografías indianas: es un hombre emigrado desde cierta pobreza rural a Cuba siendo muy joven. Pronto se implica en el tráfico marítimo y, desde Santiago de Cuba, impulsa una naviera que acabará convertida en la célebre Compañía Transatlántica. Tras su regreso a Barcelona, siendo todavía un hombre relativamente joven, se instala en la capital catalana, donde es uno de los principales impulsores del comercio colonial y funda la Compañía de Tabacos de Filipinas. Sus negocios se irán extendiendo así desde América y Filipinas hasta Europa y se convierte en uno de los grandes apoyos económicos de la monarquía de Alfonso XII: primero apoyando el regreso de los Borbones tras la Primera República Española y después financiando y apoyando con su naviera el traslado de tropas a Cuba para sofocar las insurrecciones coloniales. Kate: Has hablado mucho de este mundo veraneo y nosotros lo vivimos en otra época: vivimos ya en el siglo XXI, en que el verano hace mucho calor, estamos sufriendo de las altas temperaturas, pero a lo mejor, si tenemos suerte, vamos uno o dos semanas a un sitio, a veces lo más exótico posible. Y me gustaría saber cómo era el veraneo, cómo lo vivían los indianos en el siglo XIX. Luis: Sí. El retorno de los indianos a sus lugares de origen tiene que ver con su reivindicación como personajes importantes en estas localidades. Tenemos que tener en cuenta que eran indianos que pasaban la mayor parte del año en Barcelona, en Madrid o en las grandes capitales europeas del negocio colonial, pero algunos volvían a su casa y los que tenían la fortuna de ser de una villa costera practicaron un veraneo que se estaba poniendo muy de moda en Europa. Tengamos en cuenta que el veraneo español distinguido en el siglo XIX, sobre todo a finales del siglo XIX, se concentra en la costa cantábrica, fundamentalmente en torno a las playas urbanas de San Sebastián y de Santander, y en ese entorno se introduce Comillas. Es un veraneo muy divertido, muy alejado de lo que conocemos hoy. Incluso si visitamos el Palacio de Sobrellano, tenemos allí un panel pintado con la visita de los reyes a la costa. Allí se ve el pabellón de baños que se construía en la playa de Comillas, similar a los que se estaban construyendo en San Sebastián o en Santander, y que, incluso con unos raíles, se introducía en la playa. Los veraneos en Comillas de 1881 y 1882 se convierten en una vía de introducción de algunas de las nuevas técnicas industriales conocidas en las exposiciones universales. Por ejemplo: en 1881 la villa de Comillas es la primera población española iluminada con luz eléctrica, solo dos años después de la invención de la bombilla incandescente, lo cual nos da una idea de este nivel de alianza entre el mundo de las artes y el mundo de la industria que se podía conocer a través de las exposiciones universales parisinas. Kate: Y, dentro de todo este panorama de Comillas, ¿quién era Máximo Díaz de Quijano? Luis: Bueno, Máximo Díaz de Quijano solo se explica desde este clan Comillas, desde esta figura de los marqueses de Comillas, porque era el concuñado del primer marqués de Comillas. Es decir un hermano del marqués estaba casado con la hermana de Máximo Díaz de Quijano, Benita Díaz de Quijano, y además era su abogado: era el abogado del entramado de empresas cada vez más complejo del primer marqués de Comillas. No solo esto, sino que es un personaje bastante singular en cuanto a que está bien relacionado con la intelectualidad santanderina del momento, en concreto quizá con el escritor más famoso del norte de España en ese momento, José María de Pereda, y su entorno político, que es un entorno político carlista. Y además, es un intelectual con cierta actividad pública en prensa, escribe novelas y, sobre todo, es un músico aficionado bastante relevante, lo que tendrá mucha influencia en el edificio, como veremos después. José: ¿Y cómo llegó Máximo Díaz de Quijano a contratar a Gaudí? ¿Cómo fue esa conexión? Luis: La historia es compleja, pero nos habla de este entorno. En atención a los méritos contraídos por el primer marqués de Comillas con Alfonso XII, el rey Alfonso XII, quien distinguirá a la villa de Comillas de diversas formas. Por un lado, concede a Antonio López el título de marqués de Comillas, lo cual es un ejemplo claro del nuevo ennoblecimiento de esta aristocracia del dinero. Y además decide veranear en la villa con toda la corte en los veranos de 1881 y 1882, que se convierten en una experiencia arquitectónica y social bastante singular. Ambos hechos elevan a la villa y al nuevo marqués a las más altas cotas de popularidad y visibilidad, y López se verá obligado a prestigiar la villa, convirtiéndola en un lugar significante como sede del marquesado y como sede estival de la corte. López, en realidad, era un rudo comerciante y cuenta para ello con una pequeña corte intelectual con varios personajes muy singulares. Por un lado está su hijo Claudio, que será el segundo marqués de Comillas y que es un personaje culto y mecenas de las artes. Por otro lado está su yerno Eusebi Güell, al que todos conocemos, hijo de otro destacado indiano catalán, y es el que introduce a Gaudí en Comillas, puesto que luego le encargará algunas de las obras más importantes de Gaudí: recordemos el Parque Güell, el Palau Güell, etcétera, en Barcelona. También está otro personaje singular, que es el capellán del marqués: Mosén Jacinto Verdaguer, complejísimo personaje y destacado autor literario, que publicará un gran texto, La Atlántida, dedicado al marqués y considerada la primera gran obra poética de la literatura culta en catalán. Y junto a ellos está también Máximo Díaz de Quijano, bien relacionado con ese mundo intelectual y, como digo, sobre todo músico aficionado. Para decorar la villa de Comillas en esos veraneos del 81 y el 82, el marqués de Comillas lo que va a hacer es un enorme despliegue, atrayendo a los principales artistas del movimiento que en ese momento se está desarrollando en Barcelona, lo que conocemos como la Renaixença, origen de lo que luego vamos a llamar modernismo catalán. Dentro de esa Renaixença están arquitectos, escultores, pintores, trabajadores de las artes del metal, trabajos textiles, puesto que, como el Art Nouveau, lo que pretenden es la integración de las artes. Todo ese mundo de las artes finiseculares se estaba renovando en el mundo industrial catalán. Y el primer marqués de comillas lo que va a hacer es atraer a esos artistas a comillas para redecorar completamente la villa con un programa iconográfico vagamente inspirado en “Las mil y una noches” y en la defensa del pasado árabe español como identidad nacional dedicada al rey de España. Y en ese contexto, uno de los que va a trabajar para la redecoración de Comillas en esos veraneos es el jovencísimo Antonio Gaudí, discípulo de Joan Martorell (al que se encarga la construcción de la capilla-panteón familiar). Gaudí va a traer diseños de este joven al que se le encargan inicialmente dos pequeñas obras: los sitiales reclinatorios para la capilla-panteón, para los reyes acudieran a la capilla Panteón, que se inaugura en esas visitas, y también un curioso edificio que ni siquiera es un edificio: una glorieta, un kiosco para los jardines de Ocejo, para los jardines donde se celebran las fiestas en estos veraneos, que el propio arquitecto denomina “glorietas armónicas”. Son unos kioscos que fusionan arquitectura orientalista y música, puesto que cuando los mecía la suave brisa marina —dicen las crónicas— emitían sonidos de campanas que remataban estos kioscos concebidos como armonías musicales. Así es como Gaudí llega a Comillas colaborando en la redecoración de la villa en esos veraneos regios del 81 y el 82. Kate: Y en tu descripción al principio del episodio mencionaste que esta villa, o El Capricho, lo podemos entender como exótico, pero también moderno. ¿Cómo Gaudí resuelve estas dos tendencias en ese edificio? Luis: Bueno, la pregunta es muy acertada porque eso es justamente lo que yo en el fondo creo que preocupaba a Gaudí: cómo coordinar sus exigentes ideas domésticas, sobre todo en una de sus primeras obras —en las que tenía que dar buena impresión a clientes tan prestigiosos—, y una modernidad que se cierne, una modernidad que él conocía a través de revistas internacionales. Y el proyecto resultante es, como indica su nombre popular, un proyecto caprichoso. Gaudí lo que ofrece a Díaz de Quijano es una villa experimental inserta en un jardín pintoresco, en el que se integra reproduciendo incluso su cromatismo. El edificio está levantado sobre una base de piedra arenisca, con almohadillado rústico, sobre el que se levanta una planta con muros de ladrillo, divididos con cenefas decorativas en las que se repite el motivo del girasol, y esto es importante. Esos mismos girasoles cubren totalmente la torre-minarete situada sobre la entrada del edificio. Y todo el edificio rodeaba inicialmente un invernadero orientado al cálido sur, que actuaba como elemento distribuidor e instrumento de calefacción natural, albergando posiblemente esas plantas exóticas a las que eran tan aficionados los indianos, y muy especialmente un botánico aficionado como Quijano. En definitiva, lo que un joven y casi desconocido Gaudí consigue es manipular los lenguajes de la arquitectura oriental para unir su fascinación por la riqueza cromática de la arquitectura árabe y sus originales ideas. Y todo se desarrolla en relación con un jardín pintoresco, logrando crear algo exótico y nuevo que anuncia sus futuras formas modernistas en Barcelona. Y quizá la insistencia en el tema del girasol sea la clave que explique la curiosa disposición del edificio: todo en la distribución del Capricho indica que estamos ante un girasol arquitectónico, un edificio en el que las actividades diarias se disponen siguiendo el recorrido del sol, buscando la luz y el calor del sur en el invernadero, frente a los fuertes muros de la fachada norte, que tienen dobles ventanas. Tal vez todo es producto de un Gaudí preocupado por el clima húmedo de la costa cantábrica frente a su Mediterráneo natal. José: Entonces, ¿cuál fue la recepción de esta casa? No solo en la realidad urbana de Comillas, sino también en la historiografía de la arquitectura. Luis: Otro aspecto quizás relevante del Capricho es que nos permite percibir cómo ha cambiado la percepción de esta arquitectura del siglo XIX, tan poco valorada en su tiempo. Yo accedí a estudiar este edificio cuando estaba realizando mi tesis doctoral y en aquel momento acababa de restaurarse después de prácticamente haberse arruinado: un edificio que quedó abandonado. Es un edificio construido para un solterón culto y refinado que, sin embargo, apenas pudo disfrutarlo: murió prácticamente a la semana de haberlo ocupado. Y como murió sin descendencia, pasó por muchísimas manos y vicisitudes: acabó en manos de la rama Güell y en 1977 se vendió —muy maltratado— a un empresario. Yo lo conocí casi semiarruinado, pero ese empresario financió una cuidadosa restauración que lo convirtió en restaurante en 1988. Curiosamente, en 1992 fue comprado por el grupo japonés Mido Development, manteniendo su actividad como restaurante hasta su conversión definitiva en museo y centro de interpretación en 2010. Esto nos habla de cómo los japoneses, por ejemplo, han estado siempre muy fascinados por la obra de Gaudí, que se ha ido recuperando con el paso del tiempo, como muchas de esas arquitecturas del siglo XIX, de veraneo o no de veraneo, que yo conocí en muy mal estado a finales del siglo XX. Actualmente es un centro de interpretación visitable, muy bien gestionado por sus actuales responsables. Incluso fue elegido en los Remarkable Venue Awards de 2023 como uno de los mejores monumentos del mundo mediante una votación popular. Podemos ver, entonces, cómo ha ido cambiando la valoración de estas arquitecturas del veraneo que sufrieron mucho y que, afortunadamente, en este caso hemos podido rescatar. Kate: Y ahora viene nuestra pregunta trampa. Si tú pudieras preguntarle algo a esta villa y te contestaría, ¿qué sería? Luis: Bueno, hay muchas dudas sobre la villa. Realmente no la conocemos documentalmente bien. No sabemos cómo era ese invernadero original, qué plantas tendría. Me gustaría saber cómo fue la fiesta de inauguración de ese capricho, de esa Villa Quijano: quiénes estarían allí, cómo se relacionaban los marqueses de Comillas y Máximo Díaz de Quijano, cómo estaba distribuido realmente en origen, puesto que todavía nos falta mucha documentación. Y preguntarle cómo ha vivido el paso del tiempo: qué tal se siente ahora esta villa exquisita construida para un solterón culto, cómo vive las avalanchas de turistas que la rodean. José: Entonces, para los que quieran seguir profundizando en este tema, ¿nos podrías recomendar algún texto bibliográfico? Luis: Bueno, hace ya muchos años publiqué mi tesis doctoral sobre arquitectura y desarrollo urbano de Cantabria en el siglo XIX, con un capítulo específico sobre Comillas. En ese contexto del impulso a la arquitectura del XIX en el norte cantábrico, hay varias obras recientes bien hechas sobre El Capricho de Comillas y sobre Comillas en general. Hace fechas más recientes tuve el placer de coordinar un tomo colectivo sobre arte y mecenazgo indiano del Cantábrico al Caribe, con la editorial TREA, donde de nuevo me detengo en la villa de Comillas y la promoción de las artes de los indianos en el norte de España. Desde luego es un tema en el que aún nos falta mucho por estudiar en una y otra orilla atlántica, y El Capricho debe ser entendido en ese contexto tan estimulante y relevante. Dentro de estos estudios globales que cruzan continentes —y que ahora mismo es el tema que nos ocupa— se podrían buscar paralelos muy estimulantes entre el Caribe y el Cantábrico. Kate: Perfecto. Muchísimas gracias, Luis, por esta conversación tan interesante. José: Muchas gracias. Luis: Muchas gracias a vosotros por este divertido podcast sobre Las Cosas Que Tienen Vida. José: Kate, ¿Qué hemos aprendido hoy? Kate: En esta conversación tan interesante con Luis hemos aprendido muchísimas cosas sobre “El Capricho” de Comillas, pero una de las cosas que más me interesa es la conexión entre lo exótico y el modernismo: que podemos unir esos dos conceptos, quizás tan alejados, en un mismo edificio. Y lo hace no solamente en la decoración, que quizás es la primera cosa que vemos: los ladrillos, los azulejos y tal, sino también en la función del edificio, que, como el girasol, cada vez que uno se pasa de un cuarto al otro va siguiendo el paso del sol. Y por eso me parece súper interesante ver cómo se combinan esos conceptos, tanto de su época, en un edificio, físicamente. José: Y súper interesante también el rol de las sagas familiares en la construcción de edificios y cómo van incorporando su propia historia familiar con un monumento: su identidad, lo que quieren mostrar en una ciudad como Comillas. Que uno dice: bueno, si uno ve la historia colonial importan mucho Sevilla, Madrid, Cádiz… pero hay estos pequeños pueblos que también están marcados por esta historia colonial, ¿no? Kate: Así que muchísimas gracias por haber escuchado este episodio hoy. Si quieren ver una imagen de El Capricho, pueden visitar nuestra página de Instagram. José: @lascosastienenvida Kate: Y si quieres interactuar con este edificio y ver más información sobre el podcast, puedes visitar nuestra página web. José: www.lascosastienenvida.com Kate: Y si te ha gustado este episodio, por favor danos unas estrellas en Spotify o la app que uses, porque eso nos ayuda un montón a difundir este podcast a más personas interesadas en historias tan interesantes como estas. Así que, muchísimas gracias y nos vemos en el próximo episodio. José: ¡Nos vemos!
Kate: José, does your family have a second vacation home? José: No, we don’t have a vacation home, but it’s always kind of like a home anyway. We always go to the same place, which is Viña del Mar, a coastal city that was almost built for holidays and dates back to the 19th century. So it’s very beautiful because it was created as a garden city. Kate: Surely, as siblings, you have many lovely memories of going to the same place every year. In my family, on the contrary, we changed places every year, and because of that we do have very good summer memories, but maybe not all in one single place like in your case. And that relates to today’s episode, because we’re going to travel to the small town of Comillas, which is in the north of Spain, and we’re going to study the building called “El Capricho,” which was made by Antonio Gaudí at the end of the 19th century. So, welcome to… José: Las Cosas Tienen Vida. Kate: This is a podcast in which we talk about a historical object with the researcher who studies it, and this week we are lucky to have Luis Sazatornil Ruiz with us. Luis is a professor in the Department of Art History at the National University of Distance Education. He has dedicated himself to 19th-century architecture and especially to the artistic patronage of the Indianos. And for those who don’t know, Indianos are Spaniards who returned from the Americas to continue the rest of their careers in the Iberian Peninsula. So today an очень interesting conversation awaits us with Luis to better understand this Caprice. Welcome, Luis. José: Welcome. Luis: Hi, how are you? Kate: Good, good. Thank you for being with us in this new episode. We always start with a description of the object, so Luis, how would you describe El Capricho? Luis: Well, Antonio Gaudí’s El Capricho is a charming summer house in a small indiano town called Comillas, which is in Cantabria, on the northern coast of Spain. Generally speaking, Villa Quijano, popularly known as El Capricho, is an experimental work by Antonio Gaudí, one of the few Gaudí buildings that can be visited outside Catalonia and one of his first works, perhaps the first, completed together with Casa Vicens in Barcelona, both built very quickly between 1883 and 1885. It is the work of a very young Gaudí who, although he already knew the achievements of Art Nouveau, in his early works was inspired by the historicist tradition of the Eastern world, from the Nasrid art of Al-Andalus to the Far East, making abundant use of ceramic decoration, brickwork inspired by Mudéjar style, and a tower inspired by minarets. In reality, those were years in which architects were renewing their work with cosmopolitan inspirations that spanned time through historicism and also the world’s geography through exoticism, drawing on repertoires they knew through world exhibitions or through the circulation of photographs and books of distant buildings, architectures, and monuments. José: Our audience will see the image later and, of course, for us it’s Mudéjar or Orientalist inspiration, but to us it looks like a Lego palace, right? With all those bricks. And I wanted to ask you: what was Comillas like in the 19th century? Was it a house that clashed a bit with the urban reality? Luis: In order to understand Comillas and this building, we need to talk about the artistic patronage of the Indianos, which is a historical figure: the Spanish emigrant, whom we call americanos or indianos, who went to “make the Americas” seeking fortune. But we must remember that only some succeeded in their journey through the different stages of colonial trade and that not all returned. Those who did not succeed were known as “americanos de la maleta al agua,” those who lost their fortune in the ocean, but who have remained hidden by the history of the successful Indianos who, with their fondness for display and luxury, encouraged the desire to emigrate in younger generations, so the indiano cycle began again. Those who returned successfully often reinvested their earnings and became the main introducers in Spain of the capitalist doctrines they had learned in international markets. They tended to be interested in banking, financial speculation, real-estate development, the sugar or tobacco trade, which were the main businesses, and in some cases even the terrible slave trade until its final abolition. And with all this, as in the case of the Comillas clan, commercial networks were woven from Hispanic America to the Philippines, naturally passing through the Spanish capitals of colonial business, from Madrid and Barcelona to cities such as Cádiz, Santander, Gijón, or La Coruña. Many even did what happened in Comillas: they returned to their family homeland, to their towns of origin, which they transformed with all kinds of donations and projects—palaces, churches, hospitals, fountains, schools, asylums, roads, bridges, even universities, as in the case of Comillas. Some of these small towns are still explained through this indiano heritage, which has turned places like Comillas into very strong tourist attractions. This small town in northern Spain, Comillas, not far from Santillana del Mar—home of another famous Hispanic-American family clan, the Tagles—was a traditional center of migration and, for example, Comillas produced several bishops for American dioceses and an archbishop for Lima. The driving force came from a very prominent and representative figure of that indiano world: Antonio López y López, the first Marquis of Comillas. Antonio López embodies all the typical aspects of these indiano biographies: a man who emigrated from rural poverty to Cuba at a very young age. He soon became involved in maritime trade and, from Santiago de Cuba, promoted a shipping company that would become the famous Transatlantic Company. After returning to Barcelona, still relatively young, he settled in the Catalan capital, where he became one of the main promoters of colonial trade and founded the Philippine Tobacco Company. His businesses expanded from America and the Philippines to Europe, and he became one of the main economic supporters of the monarchy of Alfonso XII, first supporting the return of the Bourbons after the First Spanish Republic and later financing and supporting, with his shipping company, the transport of troops to Cuba to suppress colonial uprisings. Kate: You’ve talked a lot about this world of summer holidays, and we experience it in a different era—we already live in the 21st century, when summer is very hot, we suffer from high temperatures, but maybe, if we’re lucky, we go somewhere for one or two weeks, sometimes somewhere as exotic as possible. And I’d like to know what summer holidays were like, how the Indianos experienced them in the 19th century. Luis: Yes. The return of the Indianos to their places of origin had to do with asserting themselves as important figures in those localities. We have to keep in mind that they spent most of the year in Barcelona, Madrid, or the great European capitals of colonial business, but some returned home, and those fortunate enough to come from coastal towns practiced a kind of summer holiday that was becoming very fashionable in Europe. Distinguished Spanish summering in the 19th century, especially at the end of the century, concentrated on the Cantabrian coast, mainly around the urban beaches of San Sebastián and Santander, and in that environment Comillas was introduced. It was a very lively kind of summer, very different from what we know today. Even if we visit the Palace of Sobrellano, we find a painted panel showing the royal visit to the coast. There you can see the bathing pavilion that was built on the beach in Comillas, similar to those in San Sebastián or Santander, and which, with rails, was even moved into the sea. The summers of 1881 and 1882 in Comillas became a gateway for the introduction of new industrial techniques known from world exhibitions. For example, in 1881 the town of Comillas was the first Spanish population illuminated with electric light, only two years after the invention of the incandescent light bulb, which gives us an idea of the alliance between the world of the arts and the world of industry that could be observed through the Paris world fairs. Kate: And within all this panorama of Comillas, who was Máximo Díaz de Quijano? Luis: Well, Máximo Díaz de Quijano can only be understood within the Comillas clan and the figures of the Marquises of Comillas, because he was the brother-in-law of the first Marquis of Comillas. That is, a brother of the Marquis was married to Máximo Díaz de Quijano’s sister, Benita Díaz de Quijano, and he was also his lawyer—the lawyer for the increasingly complex network of companies of the first Marquis of Comillas. Not only that, he was quite a singular figure because he was well connected with the intellectual circles of Santander at the time, in particular with perhaps the most famous writer in northern Spain then, José María de Pereda, and his political circle, which was Carlist. He was also an intellectual with some public activity in the press, he wrote novels, and above all he was a fairly prominent amateur musician, which would have a great influence on the building, as we will see later. José: And how did Máximo Díaz de Quijano end up hiring Gaudí? How did that connection happen? Luis: The story is complex, but it tells us about this whole environment. In recognition of the merits earned by the first Marquis of Comillas with Alfonso XII, King Alfonso XII distinguished the town of Comillas in several ways. On the one hand, he granted Antonio López the title of Marquis of Comillas, which is a clear example of the new ennoblement of this aristocracy of money. And in addition, he decided to spend the summers in the town with the entire court in 1881 and 1882, which became a rather singular architectural and social experience. Both events raised the town and the new marquis to the highest levels of popularity and visibility, and López was forced to enhance the prestige of the town, turning it into a significant place as the seat of the marquisate and as the court’s summer residence. López, in reality, was a rough merchant and for this he relied on a small intellectual court with several very singular figures. On the one hand, there was his son Claudio, who would become the second Marquis of Comillas and who was a cultured man and a patron of the arts. On the other hand, there was his son-in-law Eusebi Güell, whom we all know, the son of another prominent Catalan indiano, and he was the one who introduced Gaudí to Comillas, since he would later commission some of Gaudí’s most important works—let us remember Park Güell, Palau Güell, etc., in Barcelona. There was also another singular figure, the marquis’s chaplain, Mossèn Jacinto Verdaguer, a very complex character and a prominent literary author who would publish a great text, Atlantis, dedicated to the marquis and considered the first great poetic work of cultured literature in Catalan. And alongside them was also Máximo Díaz de Quijano, well connected with that intellectual world and, as I said, above all an amateur musician. To decorate the town of Comillas during those summers of ’81 and ’82, what the Marquis of Comillas did was make an enormous display, attracting the main artists of the movement that at that time was developing in Barcelona, what we know as the Renaixença, the origin of what we would later call Catalan Modernism. Within that Renaixença there were architects, sculptors, painters, metalworkers, textile artists, since, like Art Nouveau, what they sought was the integration of the arts. All that late-century artistic world was being renewed in the Catalan industrial sphere. And the first Marquis of Comillas brought those artists to Comillas to completely redecorate the town with an iconographic program vaguely inspired by The Thousand and One Nights and by the defense of Spain’s Arab past as a national identity dedicated to the King of Spain. And in that context, one of those who worked on the redecoration of Comillas during those summers was the very young Antonio Gaudí, a disciple of Joan Martorell, who had been commissioned to build the family pantheon chapel. Gaudí brought designs from this young architect, who was initially commissioned two small works: the kneeling stalls for the chapel-pantheon, so that the kings could attend the chapel, which was inaugurated during those visits, and also a curious structure that was not even really a building: a gazebo, a kiosk for the Ocejo gardens, the gardens where the celebrations were held during those summers, which the architect himself called “harmonic gazebos.” They were kiosks that fused Orientalist architecture and music, since when the gentle sea breeze moved them—according to the chronicles—they emitted bell sounds that crowned these kiosks conceived as musical harmonies. That is how Gaudí arrived in Comillas, collaborating in the redecoration of the town during those royal summers of ’81 and ’82. Kate: And in your description at the beginning of the episode you mentioned that this villa, or El Capricho, can be understood as exotic but also modern. How does Gaudí resolve these two tendencies in that building? Luis: Well, the question is very accurate, because that is precisely what I think worried Gaudí: how to coordinate his demanding domestic ideas—especially in one of his first works, in which he had to make a good impression on such prestigious clients—and a modernity that was approaching, a modernity he knew through international magazines. And the resulting project is, as its popular name indicates, a whimsical project. What Gaudí offered Díaz de Quijano was an experimental villa set within a picturesque garden, in which it integrates itself, even reproducing its chromatic qualities. The building is erected on a sandstone base with rustic ashlar work, on top of which rises a floor with brick walls, divided by decorative friezes in which the sunflower motif is repeated—and this is important. Those same sunflowers completely cover the minaret-like tower located above the entrance to the building. And the entire building originally surrounded a greenhouse facing the warm south, which acted as a distribution element and a natural heating instrument, possibly housing those exotic plants that the Indianos were so fond of, and especially an amateur botanist like Quijano. In short, what a young and almost unknown Gaudí managed to do was manipulate the languages of Oriental architecture to unite his fascination with the chromatic richness of Arab architecture and his original ideas. And everything develops in relation to a picturesque garden, managing to create something exotic and new that anticipates his future modernist forms in Barcelona. And perhaps the insistence on the sunflower theme is the key that explains the curious layout of the building: everything in the distribution of El Capricho indicates that we are facing an architectural sunflower, a building in which daily activities are arranged following the path of the sun, seeking light and warmth from the south in the greenhouse, in contrast with the strong walls of the north façade, which have double windows. Perhaps it is all the result of a Gaudí concerned about the humid climate of the Cantabrian coast compared to his native Mediterranean. José: So, what was the reception of this house? Not only in the urban reality of Comillas, but also in architectural historiography? Luis: Another perhaps relevant aspect of El Capricho is that it allows us to perceive how the perception of this 19th-century architecture—so little valued in its time—has changed. I began studying this building when I was working on my doctoral thesis, and at that moment it had just been restored after practically falling into ruin: a building that had been abandoned. It is a building constructed for a cultured and refined bachelor who, however, barely had time to enjoy it: he died practically a week after occupying it. And since he died without descendants, it passed through many hands and vicissitudes; it ended up in the hands of the Güell branch and in 1977 it was sold—very deteriorated—to a businessman. I knew it almost semi-ruined, but that businessman financed a careful restoration that turned it into a restaurant in 1988. Curiously, in 1992 it was purchased by the Japanese group Mido Development, maintaining its activity as a restaurant until its definitive conversion into a museum and interpretation center in 2010. This shows how the Japanese, for example, have always been very fascinated by Gaudí’s work, which has been gradually rediscovered over time, like many of those 19th-century architectures, summer residences or not, that I knew in very poor condition at the end of the 20th century. Today it is a visitable interpretation center, very well managed by its current administrators. It was even chosen in the 2023 Remarkable Venue Awards as one of the best monuments in the world through a popular vote. We can therefore see how the appreciation of these summer architectures has changed—architectures that suffered greatly in their time and that, fortunately, in this case we have been able to rescue. Kate: And now comes our trick question. If you could ask this villa something and it could answer you, what would it be? Luis: Well, there are many doubts about the villa. We really do not know it well from a documentary point of view. We do not know what that original greenhouse was like, what plants it had. I would really like to know what the inauguration party of that Capricho, that Villa Quijano, was like: who was there, how the Marquises of Comillas and Máximo Díaz de Quijano related to each other, how it was actually distributed originally, since we still lack a lot of documentation. And I would ask it how it has experienced the passage of time: how this exquisite villa built, as I say, for a cultured bachelor feels now, how it lives with the avalanches of tourists that surround it. José: So, for those who want to continue exploring this topic, could you recommend some bibliography? Luis: Well, many years ago I published my doctoral thesis on architecture and urban development in Cantabria in the 19th century, with a specific chapter on Comillas. In that context of the impulse given to 19th-century architecture in the Cantabrian north, there are several recent well-made works about El Capricho de Comillas and about Comillas in general. More recently, I had the pleasure of coordinating a collective volume on Indiano art and patronage from the Cantabrian to the Caribbean, with the publisher TREA, where once again I focus on the town of Comillas and the promotion of the arts by the Indianos in northern Spain. It is certainly a topic in which we still have much to study on both sides of the Atlantic, and El Capricho must be understood in that stimulating and relevant context. Within these global studies that cross continents—and which is precisely what concerns us now—very stimulating parallels could be sought between the Caribbean and the Cantabrian. Kate: Perfect. Thank you very much, Luis, for this very interesting conversation. José: Thank you very much. Luis: Thank you very much to you for this fun podcast about Las Cosas Que Tienen Vida. José: Kate, what have we learned today? Kate: In this very interesting conversation with Luis we have learned many things about “El Capricho” in Comillas, but one of the things that interests me most is the connection between the exotic and modernism: that we can unite those two concepts, perhaps so distant, in the same building. And he does it not only in the decoration, which is perhaps the first thing we see—the bricks, the tiles and so on—but also in the function of the building, which, like a sunflower, every time you move from one room to another you follow the path of the sun. And that’s why I find it super interesting to see how those concepts of his time are combined physically in one building. José: And also very interesting is the role of family dynasties in the construction of buildings and how they incorporate their own family history into a monument: their identity, what they want to show in a city like Comillas. You might say, well, when you look at colonial history, Seville, Madrid, Cádiz are very important… but there are these small towns that are also marked by that colonial history, right? Kate: So thank you very much for listening to this episode today. If you want to see an image of El Capricho, you can visit our Instagram page. José: @lascosastienenvida Kate: And if you want to interact with this building and see more information about the podcast, you can visit our website. José: www.lascosastienenvida.com Kate: And if you liked this episode, please give us some stars on Spotify or the app you use, because that really helps us spread this podcast to more people interested in stories as interesting as these. So, thank you very much and see you in the next episode. José: See you!

Luis Sazatornil Ruiz es catedrático en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Su investigación se centra en la arquitectura del siglo XIX y, en particular, en la promoción artística y el mecenazgo de los indianos: españoles que regresaron de las Américas y que impulsaron proyectos culturales y arquitectónicos en la península.
Bibliografía adicional
Sazatornil Ruiz, Luis, coord. Arte y mecenazgo indiano: del Cantábrico al Caribe. Gijón: Ediciones Trea, 2007.
Sazatornil Ruiz, Luis. Arquitectura y desarrollo urbano de Cantabria en el siglo XIX. Santander: Fundación Marcelino Botín, 1996.
